Espíritu de la Obra
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Siervos Reparadores
del Corazón Eucarístico
de Jesús

Por la Instauración de todas las cosas en Cristo

Vivid, pues, todos en unión de alma y corazón, y honrad los unos en los otros a Dios, de quien habéis sido hechos templos.
De la Regla de San Agustín
LA Vida de los Siervos Reparadores es cenobítica; es decir, viven en una comunidad estable, llevando adelante la vida fraterna común bajo la Regla de San Agustín y en obediencia a un Superior. Cada miembro de la Comunidad percibió en su vida un llamado de Dios a desentenderse de las cosas de aquí abajo para dirigirse al desierto. Un desierto al cual Él lleva para hablar al corazón de su elegido.
LA soledad y el silencio marcan la vida del religioso en nuestras Casas. Esa soledad no es vivida como ausencia y vacío. La Casa religiosa es el lugar propicio para entablar la amistad con Aquel que es el Todo, el Presente en todas las cosas. La vida del religioso es una vida de íntimo y permanente trato con Dios. Para él (el religioso), la Casa en la que habita es una escuela de amor a Dios y a los hermanos.
Consideramos que para que una persona que siente el llamado de Dios a consagrarse a Él pueda hacerlo verdaderamente sin equivocar la senda, debe configurar su alma con una espiritualidad sana y verdadera. La Tradición de la Iglesia ofrece a nuestra mirada un Tesoro inagotable de Vida en este sentido. Los Santos y los Doctores de la Iglesia a través de los siglos han dejado un patrimonio que no podemos dejar de lado por ninguna otra cosa, por llamativa o novedosa que sea. La veracidad de las enseñanzas de esos Maestros en la fe ha quedado plenamente manifestada por el hecho de haber sido esa enseñanza el alimento de innumerables santos a lo largo de la historia de la Iglesia. Por sus frutos los conoceréis.
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San Jerónimo leyendo

La Espiritualidad del Siervo Reparador está configurada por la confluencia de valiosas fuentes que alimentan y animan su modo propio de vida. Veamos algunas de sus características:
Algunas particularidades que caracterizan la vida del Siervo Reparador:
a. La contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la oración;
b. Una especial consideración, meditación y contemplación del Misterio del Verbo hecho carne, y de la Presencia de Dios en las cosas creadas;
c. La Adoración Eucarística y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús;
d. El rezo Coral de las siete Horas Litúrgicas;
e. La Lectio Divina;
f. Un especial y filial culto a la Virgen Madre de Dios, modelo de vida consagrada;
g. Una permanente actitud reparadora por los pecados propios y ajenos; gustosos de ofrecer penitencias y mortificaciones en favor de todos los hombres;
h. Una entrega personal generosa en la Comunidad, para vivir un amor fraterno no fingido;
i. El gozoso oficio de rezar por los que no rezan, y de hacer sacrificios, mortificaciones y penitencias por quienes no los hacen;
j. El trabajo sencillo, humilde y ordinario realizado con un amor extraordinario.
Alimentos permanentes en la vida del Siervo Reparador:
a. La contemplación de la creación como obra maestra del Verbo Eterno de Dios;
b. La consideración del momento presente como lugar privilegiado donde la Palabra se manifiesta como Voluntad de Dios significada;
c. La Sagrada Escritura, la cual estima como el gran regalo del Amor Misericordioso de Dios que nos permite entrar en su Misterio y conocer su querer;
d. El amor a la Verdad revelada, sea la Sagrada Escritura, o la Tradición; el grandísimo aprecio por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia; y la total sumisión y obsequio de la inteligencia frente a las enseñanzas del Magisterio Ordinario y Extraordinario del Sumo Pontífice;
e. También el amor a la Verdad adquirida naturalmente, apreciando y asumiendo las enseñanzas de la filosofía perenne, según el deseo del Concilio vaticano II;
f. Y la Caridad operante, engendrada en el trato de amistad con el Señor, imitando la actitud de San Juan Evangelista al recostarse sobre el pecho del Maestro para entrar en el misterio de su Corazón. El Evangelio de este Apóstol es de meditación contínua para el Siervo Reparador.
Dos Tesoros Inapreciables
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El Misterio Eucarístico es considerado la Fuente Fundamental de Vida. El Siervo Reparador lo contempla principalmente en la celebración cotidiana de la Santa Misa; y lo recibe, también cotidianamente, como Maná que alimenta y da fuerzas para continuar avanzando por el camino personal emprendido hacia la perfección de la Caridad.
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El papel Corredentor de la Madre de Dios -quien al pie de la Cruz padeció gravísimos dolores al momento que nacía la Iglesia del costado abierto del Salvador- mueve a cada miembro de la Obra a consagrarse a Ella bajo esclavitud, según el método expuesto por San Luis María Grignon de Montfort en el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen.
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Consecuencias de todo esto
Alimentándose de todas estas fuentes del conocimiento y del amor de Dios, los miembros de la Obra realizan en sus vidas el Mandamiento Nuevo del Señor: "amaos los unos a los otros…" Esta realización se manifiesta en tres momentos:
1. En la vida Comunitaria, vida fraterna vivida con caridad exquisita: "Caritas Chisti urget nos" (el amor de Cristo nos urge);
2. En el anhelo por guiar y formar a quienes están en el mundo, para que puedan vivir la vida nueva del Evangelio, llevando e insertando las enseñanzas del Señor en las familias, la sociedad, y en los distintos ámbitos de cada actividad, según el propio estado de vida;
3. En el ofrecimiento reparador de la propia existencia por la conversión del mundo.
TAMBIÉN es nuestro propósito...
Que revaloricemos todos lo que hoy no se valora, recuperando aquellas costumbres buenas que se han perdido.
Recuperar en nuestras vidas el sentido de la belleza como esplendor de la verdad y fundamento -como base firme y apropiada- para que el hombre se eleve al conocimiento y la contemplación de la verdad
Vivir la unión con Dios con mucha veneración y respeto por las tradiciones sanas de la Iglesia que nunca fueron abolidas, pero que en gran parte fueron dejadas de lado por la desacralización y mundanización extendidas hasta aquellos lugares donde nunca antes habían llegado ni debían haberlo hecho.
Recuperar también el sentido de lo sagrado, especialmente en todo lo relacionado con el Culto divino y la recepción de los Sacramentos, tanto en nosotros mismos como en los fieles en general que son víctimas de toda clase de rebajamiento o degradación de las cosas sagradas, lo cual lleva necesariamente a un debilitamiento progresivo de lo espiritual y religioso en el hombre, generando infinidad de consecuencias negativas que alcanzan todos los otros ámbitos de la vida humana.