La Jornada en el Monasterio
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Siervos Reparadores
del Corazón Eucarístico
de Jesús

Por la Instauración de todas las cosas en Cristo

Si tu voluntad no fuera mi delicia, ya habría perecido en mi miseria; jamás olvidaré tus decretos, pues por ellos me das la vida.
Salmo 118, 92s
La Jornada en el Monasterio está ordenada a la búsqueda permanente de Dios. El encuentro con el Señor es lo que da sentido a la vida de cada uno de los consagrados. Si bien todo bautizado debe buscar a Dios y aprender a encontrarlo en sus actividades ordinarias, la persona consagrada se aboca a ello, se podría decir, por oficio.
Como ha quedado expresado al hablar de la Naturaleza de la Obra, llevamos adelante un modo de vida mixta: vida contemplativa y vida activa (apostólica). La primera parte del día se dedica a la contemplación, y el resto a otras actividades que se han de realizar, tanto las necesarias para el bien de la Comunidad Religiosa, como también en bien de la comunidad local (los fieles en general) y, sobre todo, la atención de las personas que piden consejo o dirección espiritual, o realizan retiros o Ejercicios Espirituales.
A grandes rasgos, según lo dicho, nuestro día se divide en: Oración, estudio y trabajo. El aspecto contemplativo abarca la Oración y también el estudio: es decir, desde el comienzo del día el religioso
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pone su mente y su corazón en la alabanza divina, en la Palabra de Dios, en la meditación y contemplación de las obras de Dios y de Su amor por la humanidad, en el estudio, y en el fomentar la amistad divina a través del trato personal e íntimo con Dios. Lo que resta del día lo dedica al trabajo o a la actividad apostólica que tenga asignada, todo ello también encarado como encuentro y ocasión de trato con Dios.

A continuación encontrará tres apartados con un contenido resumido que explican algo de la manera en que vivimos cada uno de esos ámbitos: La Liturgia, El trabajo, y El Estudio. Colocado el mouse sobre un recuadro, éste se expandirá.
La Liturgia
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Perseverad en las oraciones fijadas para horas y tiempos de cada día.
De la Regla de San Agustín
El Trabajo
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Y esto ha de ser de tal modo que ninguno trabaje en nada para sí mismo, sino que todos vuestros trabajos se realicen para el bien de la Comunidad, con mayor cuidado y prontitud de ánimo que si cada uno lo hiciese para sí.
De la Regla de San Agustín
El Estudio
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Los encargados de la despensa, de los vestidos o de los libros sirvan a sus Hermanos sin murmuración. Pídanse cada día los libros a la hora determinada y, si alguien los pidiere fuera de la hora señalada, no se le concedan.
De la Regla de San Agustín
Los Capítulos
Los llamados Capítulos son momentos importantes en la vida comunitaria. En ellos se escucha diariamente la Regla, escritos breves para la consideración y edificación personal, y también la palabra del Padre Superior, quien enseña, advierte o corrige sobre cuestiones que tienen que ver con la vida común, o con la fidelidad a la Regla o Constituciones, todo lo cual colabora a la consolidación de la comunidad, como familia de consagrados a Dios que han de buscar en todo momento y ante todo agradarLe en todo.
También ayuda el Capítulo a la corrección personal, ya que allí se advierten falencias que pudieran haber; e incluso en el Capítulo llamado de Faltas, cada uno reconoce públicamente las propias faltas cometidas contra la comunidad o el orden prescrito en la misma. Hay un relato ingenioso, antiguo, que hace referencia al lugar donde se realizan los Capítulos, llamado Sala Capitular. Si desea leer ese relato haga Click Aquí.
En el Capítulo de la tarde el P. Superior puede dar a conocer noticias que sean relevantes, tanto de la Iglesia o del mundo.