El Nombre
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Siervos Reparadores
del Corazón Eucarístico
de Jesús

Por la Instauración de todas las cosas en Cristo

La oración y la penitencia son las dos poderosas fuerzas espirituales que en este tiempo nos ha dado Dios para que le reconduzcamos la humanidad extraviada que vaga sin guía por doquiera; fuerzas espirituales, que deben disipar y reparar la primera y principal causa de toda rebelión y de toda revolución: es decir, la rebelión contra Dios.
S.S. Pío XI, Enc. Caritatis Christi Compulsi
EL nombre puesto a esta Obra hace patente algunos aspectos importantes del carisma. Siervos Reparadores del Corazón Eucarístico de Jesús, lo interpretamos así:
SIERVOS - Con esta palabra manifestamos el modo en que entendemos la vida de consagración a Dios. Cuando hemos decidido dejar todo para seguir de cerca al Señor, quisimos verdaderamente hacer eso, es decir, dejar todo. Pero ese todo no lo consideramos como "todas las cosas que tenemos", sino como "todo lo que somos y tenemos". De ahí que hablemos de siervos en el sentido de esclavos, y no sólo servidores. El esclavo pertenece totalmente a su Amo. Nada le pertenece a él. Ni siquiera se pertenece a sí mismo. No tiene voluntad propia. Este es el modo en que consideramos que un consagrado se entrega a Dios. No lo comprendemos de otra manera. De ahí, entonces, que seamos Siervos.
REPARADORES - Esta palabra deja de manifiesto el aspecto principal del carisma de la Obra. El amor de Dios por toda la humanidad, que Le llevó a entregar a su propio Hijo por nuestra Salvación, nos mueve a donarnos a Él totalmente. El desprecio por parte de la humanidad de ese amor divino, nos mueve a ofrecer nuestras vidas en reparación por las ofensas que permanentemente hieren el Corazón (el Amor) de Dios. Deseamos reparar tanto las propias ofensas como las ajenas, rezando por los que no rezan, y haciendo sacrificios, mortificaciones y penitencias por quienes no los hacen.
DEL CORAZÓN EUCARÍSTICO de JESÚS - Con esta expresión manifestamos cuál es el fin absoluto al cual se dirigen todos los movimientos de nuestros corazones consagrados. Ese fin absoluto no es otro que el Amor de Dios. Y no hay otro símbolo más expresivo, rico y profundo que el del Corazón de Jesús. Ese Corazón se muestra herido por nuestras ofensas. Ese Corazón es el que queremos consolar con nuestra vida de entrega a Él. Y lo hacemos a través de la adoración, la reparación y el desagravio al Sacramento de Su Amor, es decir a Su Cuerpo vivo y presente en medio de nosotros en la Sagrada Eucaristía. Es este Sacramento, además, el que es despreciado, profanado, manipulado, y en el cual se hiere más gravemente el Amor Divino.
Consideremos, para terminar, lo que el Señor le dijo a Santa Margarita María de Alacoque en Junio de 1675, cuando le revela el culto a su Sagrado Corazón:
Dice ella en su Autobiografía:

'Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, un día de su Octava, recibí de Dios gracias excesivas de su amor, y sintiéndome movida del deseo de corresponderle en algo y rendirle amor por amor, me dijo:

"No puedes darme mayor prueba que la de hacer lo que ya tantas veces te he pedido."

'Entonces, descubriendo su Divino Corazón:
"He ahí este Corazón, que ha amado tanto a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sus sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan."