El Escudo
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Siervos Reparadores
del Corazón Eucarístico
de Jesús

Por la Instauración de todas las cosas en Cristo

… poned todo vuestro empeño en mantener la integridad de la fe, en guardar la concordia, en dedicaros a la oración...
De una Carta de San Eusebio de Vercelli
El escudo de los Siervos Reparadores contiene los siguientes símbolos: principalmente un águila que sostiene, por un lado, un escudo que contiene una Cruz que está delante de dos llaves cruzadas; y por el otro una cinta que tiene escritas tres palabras: Fides, Veritas, y Caritas. Veamos qué significa cada cosa de esas.
EL ÁGUILA - Nos recuerda a San Juan Evangelista, quien es representado por ese símbolo debido a la elevada visión mística que manifiesta en sus escritos. El Evangelio de San Juan es para el Siervo Reparador el libro de referencia permanente. Deseamos asemejarnos al Discípulo Amado, quien tuvo el privilegio de recostar su cabeza sobre el pecho del Señor, donde se halla la Fuente del Amor eterno, su Sagrado Corazón.
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Además, el águila se considera el ave que posee mirada penetrante y vista aguda; es capaz de elevarse por encima de las nubes, a alturas de vértigo, de cara al sol. Por esto simboliza lo trascendente, lo más elevado, la contemplación, el heroísmo. En fin, es el símbolo de la ascensión espiritual.
Al tener nuestra Obra como segundo fin el guiar al bautizado hacia las alturas de la perfección -a la cual todos estamos llamados-, el águila nos recuerda que esa perfección no supone perder la visión clara de las cosas de aquí abajo; es decir, no creemos en la perfección o santidad que se abstrae de lo presente y entra en una especie de mundo ideal.
El Santo tiene su corazón puesto en el Cielo, pero es capaz -y más que nadie-, de juzgar rectamente los acontecimientos del mundo al contrastarlos con las enseñanzas de Dios, las que guarda en su corazón que arde de celo por Dios.
EL ESCUDO - Como podemos ver, el águila sostiene un escudo por un lado y una cinta con tres palabras por el otro. El escudo representa la protección Divina, tal cual nos lo enseña la misma Sagrada Escritura cuando dice "El Señor es escudo para los que a Él se acogen" (Salmo 17, 31). Veamos el sentido de lo que contiene:
Enter the name for this tabbed section: La Cruz
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¡AVE CRUX SPES UNICA!

La Cruz es la Única esperanza para el mundo. Y debe ser el objeto permanente de nuestra mirada. De ella recibimos la fuerza para ascender al Monte de la Salvación, y es Ella la que nos enseña a morir a nosotros mismos para la gloria de Dios y la Salvación de las almas.
La Cruz es la defensa inexpugnable que el Siervo Reparador tiene para entablar la lucha cotidiana contra las fuerzas del mal. Por nosotros mismos nada podemos, pero en el Señor crucificado nada nos es insuperable.
El Señor es nuestro Escudo. La Cruz es nuestra Fuerza.

Enter the name for this tabbed section: Las Llaves
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Las Llaves hacen referencia al Papado: "…sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia…"; "…a ti te daré las Llaves del Reino de los Cielos…"; "…las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella." (Cfr. Mt 16, 18s).
Estas palabras despiertan en nosotros un gozo inexplicable por sabernos llamados por Dios a ser miembros de su Pueblo Santo. Pero también despiertan un celo ardiente por la exaltación de la Santa Iglesia, y por la salvación de todos los hombres.
Estas Llaves en el escudo significan que la fuerza en nuestras palabras sólo se hallará en que esas palabras sean fieles a las enseñanzas del Magisterio y de la Tradición secular. No deseamos enseñar otra cosa que lo que la Palabra hecha Carne ha venido a enseñarnos. "Jesucristo es el mismo ayer como hoy, y lo será para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas." (Hb 13, 8-9a).
LA CINTA - Con sus tres palabras latinas: Fides, Véritas, Cáritas, (que significan: Fe, Verdad y Caridad), nos recuerda que la Instauración de todas las cosas en Cristo -frase que nos obliga en primer lugar a ordenar la propia vida según los criterios y las enseñanzas del Evangelio-, supone que en cada persona se consoliden como tres soportes o bases necesarias para vivir una auténtica religiosidad en los tiempos actuales, marcados por la relativización de la verdad, la desmoralización de la realidad toda, incluso la deshumanización del mismo hombre, al arrebatarle a éste la oportunidad de conocer su propio origen y destino gloriosos. Estas tres palabras que están en la cinta sintetizan esos soportes básicos. Veamos:
Enter the name for this tabbed section: FIDES
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Bajo esta palabra entendemos la necesidad de una fidelidad absoluta a todo lo enseñado por la Santa Iglesia sea en su Magisterio Extraordinario como en el Ordinario. tanto actual como heredado a través de los siglos. Todo miembro de la Obra creerá firmísimamente verdades que cualquier cristiano debería creer de ese modo, pero que no todos lo hacen hoy en día. Veamos algunas principales:
En Primer lugar, creerá plenamente en todo lo contenido en la Sagrada Escritura, considerada ella como Fuente de Revelación inspirada por Dios en su totalidad. Nadie podrá dudar de lo enseñado por el Magisterio acerca de la autoría de los Libros Sagrados, como de la interpretación de su contenido; asintiendo con absoluta certeza sobre que lo expresado en la Palabra de Dios es justamente eso: Palabra de Dios. Y quien de algún modo pusiera en duda alguna de estas cosas u otras enseñadas por ese Magisterio secular, sencillamente no puede ser miembro de esta Obra.
Además, tendrá total fidelidad al Magisterio de la Iglesia, escuchando en su enseñanza al mismo Señor Jesucristo, quien nos dirige su palabra en el tiempo, por medio de la Iglesia, para que alcancemos la eternidad feliz. De aquí que ningún miembro podrá poner en duda lo enseñado por dicho Magisterio a través de los siglos; como tampoco lo enseñado por el Sumo Pontífice, sea Extraordinaria, como Ordinariamente.
Creerá también las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y la de los Santos, quienes a través de los siglos han iluminado las mentes de los fieles con una comprensión más acabada del misterio del Verbo hecho Carne, posibilitando así un amor auténtico hacia Jesucristo, al poder conocerlo verdaderamente, sin el cual conocimiento no se podría amar adecuadamente.
Acudirá con actitud humilde para su formación humana y cristiana al material adecuado que la Obra pondrá a su disposición, con el fin de alimentarse de fuentes sanas de Doctrina. Se excluirá todo tipo de material nocivo; y se advertirá lúcidamente sobre todo aquello que hoy se afirma como verdadero pero que no lo es, independientemente de quién lo afirme, aunque sean miembros de la misma Iglesia. Nuevamente recurrimos a esta advertencia de San Pablo: "Jesucristo es el mismo ayer como hoy, y lo será para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas" (Cfr. Hb 13, 8-9a).
Enter the name for this tabbed section: VÉRITAS
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Con esta palabra entendemos la necesidad de que todos los miembros de la Obra se alimenten también de la verdad que puede ser conocida naturalmente, pero asegurando que las fuentes de este conocimiento sean sanas, limpias, absolutamente verdaderas.
Por este motivo quienes en la Obra estén llamados a enseñar a los demás, serán formados en la llamada Filosofía Perenne, la cual ha sido y sigue siendo recomendada por la Iglesia como camino seguro y más corto para alcanzar la verdad. Por Filosofía Perenne se entiende la Filosofía Escolástica, basada en el Realismo Moderado de Aristóteles, plenificada en la doctrina Tomista.
Un Discurso del Papa Juan Pablo II enseña claramente lo que aquí exponemos. Nos referimos al Discurso al Pontificio Ateneo Internacional "Angelicum" con motivo del Primer Centenario de la Aeterni Patris, del 17 de Noviembre de 1979, números 4 y 5. Si desea leerlo, haga click Aquí.
Enter the name for this tabbed section: CÁRITAS
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Con esta palabra se entiende aquello que le da vida a toda actividad que el cristiano realiza y que debe impregnar todo el quehacer terreno de los miembros de la Obra: el amor a Dios sobre todas las cosas. De este amor primero brota como de su fuente el amor al prójimo, quien debe ser amado como a uno mismo, pero por amor a Dios. Este amor bien entendido es el que mueve al miembro de la Obra a desear con todas sus fuerzas conocer más y mejor a Dios y su Voluntad salvífica, porque el amor anhela conocer siempre más al amado.
El Santo Padre Benedicto XVI en su Carta Encíclica "Caritas in Veritate", en el núm. 30, nos dice: "La caridad no excluye el saber, más bien lo exige, lo promueve y lo anima desde dentro. El saber nunca es sólo obra de la inteligencia. Ciertamente puede reducirse a cálculo y experimentación, pero si quiere ser sabiduría capaz de orientar al hombre a la luz de los primeros principios y de su fin último, ha de ser 'sazonado' con la 'sal' de la caridad. Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor."
Veamos cómo todo esto afecta al miembro de la Obra y en qué lo "obliga":
En primer lugar, el miembro de la Obra (sea cual fuere su estado, religioso o seglar), hará uso de los medios humanos para iluminar su inteligencia con las verdades reveladas u obtenidas naturalmente, tanto por medio del estudio de las disciplinas filosóficas y teológicas, com por medio de la amistad divina, fomentada por la oración, la meditación y la contemplación. Por supuesto que la concreción de esto dependerá de las cualidades y disposiciones personales.
Además, la amistad divina, por lo que significa como unión de la propia voluntad con la de nuestro Señor, nos mueve a obrar. El amor de Dios en nuestros corazones impele a buscar el bien verdadero del prójimo, que es el heredar la gloria del cielo, la Vida eterna. Sabemos que esa gloria se alcanza cuando en este mundo se ha conocido al Padre, "Único Dios Verdadero, y a su Enviado, Jesucristo" (Cfr. Jn 17,3). La caridad mueve a amar en cada hombre ese destino que Dios tiene previsto para él desde toda la eternidad.
También, -y como consecuencia del amor verdadero a Dios, que mueve a amar verdaderamente al prójimo-, el miembro de la Obra se esfuerza por lograr dos cosas en el prójimo: acercarlo al bien y apartarlo del mal. Todo lo que cada miembro comprometido aprende en su estudio y asimila en su oración, lo mueve a iluminar a los demás hombres con las verdades de vida eterna, y a denunciar toda obra que lleve a la muerte del alma. Esta iluminación y esta denuncia no se reducen al ámbito de lo religioso o doctrinal. Ambas cosas han de abarcar todos los ámbitos del quehacer humano.
Es decir que las enseñanzas de la Iglesia y los criterios que brotan de la Palabra Viva del Señor deben ser aplicados a todos los órdenes de la vida del hombre sobre la tierra. Esa es la tarea que nos imponemos como nuestra respuesta de amor al inmenso amor que Cristo manifestó por todos.

Extractos del Discurso de S.S. Juan Pablo II al Pontificio Ateneo Internacional "Angelicum" con motivo del Primer Centenario de la Aterni Patris, 17 de Noviembre de 1979.

Preguntándose el Santo Padre cuáles son las dotes que le merecieron a Santo Tomás de Aquino los títulos de "Doctor Ecclesiae", "Doctor Angelicus", y de "Patronus caelestis optimorum studiorum", dice en el núm. 4 lo siguiente:
«La primera es sin duda la de haber profesado un pleno obsequio de la mente y del corazón a la revelación divina; obsequio renovado en su lecho de muerte, en la abadía de Fossanova, el 7 de marzo de 1274. ¡Cuán beneficioso sería para la Iglesia de Dios que también hoy todos los filósofos y teólogos católicos imitasen el ejemplo sublime dado por el "Doctor communis Ecclesiae"! Este obsequio prestó también el Aquinate a los Santos Padres y Doctores, como testigos concordes de la Palabra revelada, de tal manera que el cardenal Cayetano no dudó en escribir —y el texto se recoge en la Encíclica— "Santo Tomás, porque tuvo en suma reverencia a los Sagrados Doctores, heredó, en cierto sentido el pensamiento de todos ellos" (In Sum. Theol. II-II, q. 148, a. 4 c; Leonis XIII, Acta, vol. I, pág. 273).
»La segunda dote que justifica el primado pedagógico del Angélico, es el gran respeto que profesó por el mundo visible, como obra, y por lo tanto vestigio e imagen de Dios Creador. Injustamente, pues, se ha osado tachar a Santo Tomás de naturalismo y empirismo. "El Doctor Angélico, se lee en la Encíclica, dedujo las conclusiones de las esencias constitutivas y de los principios de las cosas, cuya virtualidad es inmensa, conteniendo como en un embrión, las semillas de verdades casi infinitas, que los futuros maestros han hecho fructificar, a su tiempo" (Leonis XIII Acta, vol. I, pág. 273).
»Finalmente, la tercera dote que indujo a León XIII a proponer al Aquinate como modelo de "los mejores estudios" a los profesores y alumnos, es la adhesión sincera y total, que conservó siempre, al Magisterio de la Iglesia, a cuyo juicio sometió todas sus obras, durante la vida y en el momento de la muerte. ¡Quién no recuerda la profesión emocionante que quiso pronunciar en la celda de la abadía de Fossanova, de rodillas ante la Eucaristía, antes de recibirla como Viático de vida eterna! "Las obras del Angélico, escribe también León XIII, contienen la doctrina más conforme al Magisterio de la Iglesia" (Leonis XIII Acta, vol. I, pág. 280). Y no se deduce de los escritos del Santo Doctor que él haya reservado el obsequio de su mente solamente al Magisterio solemne e infalible de los Concilios y de los Sumos Pontífices. Hecho este edificantísimo y digno también de ser imitado hoy por cuantos desean conformarse a la Constitución dogmática
Lumen gentium (núm. 25).»

Considerando la vigencia de esa Doctrina a través del tiempo hasta el presente, y su perenne actualidad, agrega el Papa Juan Pablo II en el núm. 5:
«El método, los principios, la doctrina del Aquinate, recordaba el inmortal Pontífice, han encontrado en el curso de los siglos el favor preferencial no sólo de los doctos, sino también del supremo Magisterio de la Iglesia (cf. Encícl. "Aeterni Patris", Leonis XIII Acta, vol. I, págs. 274-277). También hoy, insistía él, a fin de que la reflexión filosófica y teológica no se apoye sobre un "fundamento inestable", que la vuelva "oscilante y superficial" (cf. Encícl. "Aeterni Patris", Leonis XIII, Acta, vol. I, pág. 278), es necesario que retorne a inspirarse en la "sabiduría aúrea" de Santo Tomás, para sacar de ella luz y vigor en la profundización del dato revelado y en la promoción de un conveniente progreso científico (cf. Encícl. "Aeterni Patris",Leonis XIII, Acta, vol. I, pág. 282).
»Después de cien años de historia del pensamiento, estamos en disposición de sopesar cuán ponderadas y sabias fueron estas valoraciones. No sin razón, pues los Sumos Pontífices, sucesores de León XIII y el mismo Código de derecho canónico (cf. can. 1366 pár. 2) las han recogido y hecho propias. También el Concilio Vaticano II prescribe, como sabemos, el estudio y la enseñanza del patrimonio perenne de la filosofía, una parte insigne del cual la constituye el pensamiento del Doctor Angélico. (A este propósito me agrada recordar que Pablo VI quiso invitar al Concilio al filósofo Jacques Maritain, uno de los más ilustres intérpretes modernos del pensamiento tomista, intentando también de este modo manifestar alta consideración al Maestro del siglo XIII y al mismo tiempo a un modo de "hacer filosofía" en sintonía con los "signos de los tiempos"). El Decreto sobre la formación sacerdotal "
Optatam totius", antes de hablar de la necesidad de tener en cuenta la enseñanza de las corrientes filosóficas modernas, especialmente "de las que ejercen mayor influjo en la propia nación", exige que "las disciplinas filosóficas se enseñen de manera que los alumnos lleguen ante todo a un conocimiento sólido y coherente del hombre, del mundo y de Dios, apoyados en el patrimonio filosófico de perenne validez" (núm. 15).»

Y más adelante, en el núm. 6, afirma cómo ese pensamiento dispone a la inteligencia del hombre a la verdad objetiva e integral, propia de la realidad:
«La filosofía de Santo Tomás merece estudio atento y aceptación convencida por parte de la juventud de nuestro tiempo, por su espíritu de apertura y de universalismo, características que es difícil encontrar en muchas corrientes del pensamiento contemporáneo. Se trata de la apertura al conjunto de la realidad en todas sus partes y dimensiones, sin reducciones o particularismos (sin absolutizaciones de un aspecto determinado), tal como lo exige la inteligencia en nombre de la verdad objetiva e integral, concerniente a la realidad. Apertura esta que es también una significativa nota distintiva de la fe cristiana, de la que es signo específico la catolicidad. Esta apertura tiene su fundamento y su fuente en el hecho de que la filosofía de Santo Tomás es filosofía del ser, esto es del "actus essendi", cuyo valor trascendental es el camino más directo para elevarse al conocimiento del Ser subsistente y Acto puro que es Dios. Por este motivo, esta filosofía podría ser llamada incluso filosofía de la proclamación del ser, canto en honor de lo existente.»

Por último, en el núm. 10, afirma el Santo Padre lo que se nos presenta como verdad fuente para promover entre los fieles -cuyas condiciones personales y posibilidades lo permitan- el conocimiento de la verdad, como algo propio del celo por la salvación de las almas:
«Y, efectivamente, el gigantesco esfuerzo intelectual de este maestro del pensamiento estuvo estimulado, sostenido y orientado por un corazón henchido de amor a Dios y al prójimo. "Per ardorem caritatis datur cognitio veritatis". (In Jn Ev. V, 6). Son palabras emblemáticas que dejan entrever, tras el pensador capaz de los vuelos especulativos más audaces, al místico habituado a beber directamente en la fuente misma de toda verdad la respuesta a las interpelaciones más profundas del espíritu humano. Por lo demás, ¿no confesó él mismo que jamás había escrito ni había dado lecciones sin recurrir antes a la oración?»